Las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria (IRAS) suponen un aumento de la morbimortalidad hospitalaria, de los costos y de las estancias hospitalarias1. El informe publicado en 1999 por el Instituto de Medicina de EEUU sobre errores médicos mostró que las IRAS son uno de los errores médicos más frecuentes, que cada año hay al menos 90.000 muertes relacionadas con estas y que muchas de las muertes se hubieran podido evitar. Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), en la Unión Europea cada año más de 4.000.000 de pacientes adquieren al menos una IRAS, y de éstos unos 37.000 mueren como consecuencia directa de dicho evento. Asumiendo que el coste promedio en Europa de un día de hospitalización es de 341 euros, en el total de la Unión Europea estas infecciones representan un gasto anual de más de 7 billones de euros2. En España el estudio EPINE muestra que la prevalencia de infecciones nosocomiales en nuestro país es del 8,183 y el estudio ENEAS estima que las infecciones hospitalarias representarían el 25.3% de los efectos adversos hospitalarios y que el 55.4% de ellas se hubieran podido prevenir4.

En Centro y Sudamérica se desconoce la carga real de las infecciones asociadas a la atención sanitaria. Los datos disponibles provienen de trabajos puntuales que reflejan situaciones específicas de algún servicio de salud.

Sin embargo, el estudio IBEAS de prevalencia de efectos adversos en hospitales de latinoamérica muestra que las IRAS representan el 37,15% del total de los efectos adversos, y que el 60% de ellas también hubieran podido evitarse5.

Aunque hasta hace pocos años las IRAS eran consideradas como efectos adversos inevitables, actualmente disponemos de herramientas que nos permiten minimizarlas reduciendo el sufrimiento de los pacientes y el costo de la atención prestada.